El anhelado regreso (1)
Casi toda mi vida he sido un inmigrante…
Cuando cumplí 17, dejé la casa de mis papás en Arequipa para iniciar mis estudios en Lima, en la Universidad Católica. Debo admitir que desde que llegué a Lima siempre me sentí bien tratado y recibido, y salvo algunos malos chistes de arequipeños, en general fui aceptado muy bien. Recuerdo que en la academis Sigma de Miraflores éramos 3 los arequipeños que nos esforzabamos por prepararnos lo mejor posible para el examen de ingreso a la Católica, rodeados de muchos aspirantes a Cayetano Heredia, otros a la Ricardo Palma y los menos a la UNI. La vida era simple para nosotros, los “extranjeros”… viviamos en una pensión donde no teniamos las comodidades necesarias para tener largas sesiones de estudio, sin embargo nos las arreglabamos para hacerlo de la mejor manera. Mi primo Ramiro (uno de los 3 arequipeños) conseguía todos los lunes el examen simulacro aplicado por la TRENER la semana anterior, y nos turnabamos para aplicarnos el mismo examen los dos. Los fines de semana cada quien salía a visitar a algún familiar limeño, visitas que no duraban más de un par de horas… el resto del tiempo, a estudiar. Éramos inmigrantes, por supuesto; y de alguna forma nosotros mismos contribuíamos a alimentar ese sentimiento juntándonos entre arequipeños, y exhacerbando el sentimiento “nacionalista” prototípico del arequipeño. Sin embargo, con el tiempo, aprendimos a adaptarnos, a ser un habitante más de Lima, sin dejar de ser arequipeños. Se puede decir que en ese momento nos convertimos en migrados. Ese momento llegó a mi casi al termninar la carrera, y lo descubrí porque en aquella oportunidad, antes de preferir tomar el primer autobús a Arequipa, preferí quedarme en Lima con Sandra, a la postre mi esposa. En ese momento supe que el mejor lugar para mi era al lado de ella.
Ser inmigrante en Lima puede ser jodido, aunque valgan verdades, en nuestro caso la cosa fue bastante sencilla. No éramos los pobres puneños o ayacuchanos que, en ese tiempo, huían de las sequías o el terrorismo, esos a los que se les decía (y se les dice aún) “indio” o despectivamente “cholo”. No. Nosotros éramos hijos de mamá, de buena familia, y en algunos casos, de las mejores familias de Arequipa (whatever that means). Para empezar nosotros no habiamos dejado todo para empezar de nuevo en un lugar distinto… nosotros estabamos circunstancialmente en Lima, preparandonos para el futuro, y nuestro sustento seguía viniendo de la Blanca Ciudad. Nosotros no habíamos llegado a una ciudad con costumbres y formas de vida radicalmente distintas a lo que habíamos vivido siempre; Arequipa era una ciudad ciudad, como Lima, aunque mas chica, donde la gente trabajaba en oficinas y estudiaba en colegios privados, como en Lima. Entonces, aunque siempre se nos ponía el mote de “provincianos”, creo que nunca nos colgaron el mote de “inmigrantes”, aunque la verdad es que sí lo éramos.
Mi vida dió un giro tremendo cuando decidimos, mi esposa y yo, tomar una oportunidad de estudiar un posgrado en México, en la UNAM. Luego de pensarlos mucho y analizar todas las aristas de esta decisión, un 9 de julio del 96 tomamos un avión al Distrito Federal. Al momento de tramitar nuestras formas migratorias y tener así la legal estancia en este país, vi sobre el documento el texto “No Inmigrante Estudiante”. Vale decir, nuevamente mi situación era circunstancial y sólo para preparanos para el futuro… pero, nuevamente, la realidad era que sí éramos inmigrantes. Pero claro, ser inmigrante en otro país tiene su caché, al menos traes contigo un halo de misterio por un país medio deconocido que despierta la curiosidad de la gente que te rodea y en ese sentido las noches de tertulia se vuelven divertidas y tremendamente interesantes.
12 años después de arribar a México, y con una hija mexicana, decidimos regresar a Perú, a concretar un anhelo de siempre… poner una consultora donde podamos explotar lo mejor que aprendimos estando fuera de Perú. Y henos aquí. Finalmente nuestro carácter de inmigrante finalizó, y considero que fue una de las experiencias mas gratificantes de mi vida. Ser inmigrante puede ser muy difícil, pero también muy interesante, pero lo más importante es que la experiencia de vivir, abrirte camin0 y desenvolverte en otro país (o ciudad) enriquece, y te abre un panorama que vale oro.
Espero que estas breves reflexiones ayuden a cambiar un poco la imagen de nuestros inmigrantes locales. Si alguien que lee este blog, a raíz de eso, cambia y comienza a ver a estas personas con más respeto y dignidad, entonces este blog abrá servido para algo.
Espero sus comentarios.
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